Mujer con mascarilla
CON CLASE,  CREATIVO,  CUARENTENA,  OTROS,  SER O NO SER

DÍA TRIGÉSIMO OCTAVO. Martes 21 de Abril. 03:00h

Hoy tenía la cita médica para realizar el test PCR

Anoche he dormido algo intranquila. Pensaba en el día que era, pues me tocaba ir al hospital para que me hicieran un test PCR diagnosticado por mi doctora.
Por la mañana me he levantado y sentía una extraña sensación. Me di una ducha, desayuné, y confieso que estaba nerviosa, mirando el reloj y controlando el tiempo. Estaba nerviosa, porque después de treinta y dos días, iba a salir de casa. Cogería mi coche y ataviada con mascarilla y guantes, como me había pedido la doctora, iría hacia lo desconocido

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Cuando me fui a vestir, incluso tuve un rato gracioso, después de llevar en casa todo ese tiempo, con ropa y calzado cómodo, buscaba en el armario qué ponerme, algo que no he hecho en todos estos días. Tras elegir mi vestuario, como si de una entrevista de trabajo se tratara, me maquillé y me peiné para la ocasión.
Con antelación y ante la insistencia de mi madre, para no llegar tarde a la cita, salí por la puerta.


Para empezar, imaginaba si tendría algún problema al sacar el coche del garaje, puesto que lo dejé ahí, hacía más de un mes. Luego, he de confesaros, que es molesto, para quienes tenemos gafas, el uso de la mascarilla. Se empañan las gafas y como consecuencia, no ves.

Durante el trayecto

Iba pensando en si habría muchos coches, si me equivocaría en el acceso, si habría tráfico, si me pararía la policía. Yo no tenía ninguna cita médica reflejada en un papel o en el móvil para demostrar a dónde me dirigía, salvo mi historia.


Llegué al aparcamiento, donde todo estaba perfectamente señalizado y comprobé que no había mucha fila de coches, e imaginé que sería rápido.
Al llegar a la primera tienda de campaña, me pidieron el nombre. Iba más adelantada de la hora en la que me habían citado, pero no quise llegar tarde y tampoco sabía con lo que me iba a encontrar.

Me dieron un papel, que por supuesto no miré, ya que debía adelantarme al puesto número cuatro, mi número de la suerte.
Allí estaba esperando instrucciones de la mujer que me atendió. Había mirado en internet, cómo estaban realizando este proceso, a través de un video emitido en las noticias en televisión Valladolid.

Bajé la ventanilla del coche. Quien me atendía, me pidió que bajara la mascarilla despejando la nariz, e inclinara la cabeza hacia atrás, mirando al frente. Respiré profundo, mientras me explicaba que iba a introducir un bastoncillo muy largo por una de mis fosas nasales y después, por la otra.


Procedió con intención y seguridad

Introdujo el hisopo hacia arriba y muy profundamente. Era muy molesto. Me comentaba la mujer, que podría causarme tos o incluso, el vómito, que estuviera tranquila. Después de unos insistentes movimientos en el interior de mi nariz, procedió a meter el bastoncillo por otra de mis fosas nasales.


Repitió la operación. Yo tosí. Intentaba retirarme por la gran molestia, pero era un acto reflejo absurdo, ya que estaba atrapada por el cabezal del asiento del coche, y era imposible escapar.
Cuando finalizó, me dijo que me pusiera la mascarilla, que comprobara que los datos del documento eran correctos y que en tres días, me llamaría mi médico para informarme.

Le di las gracias por su trabajo, y curiosamente, entre otras cosas, por hacerme bastante daño, y me dirigí con mi vehículo fuera del aparcamiento del hospital. Decidí estacionar en otro lugar.


Intenté recomponerme del dolor y secar las lágrimas. Me invadió una sensación de molestia lo primero, de impotencia, de incredulidad e inseguridad. Ese fue el momento consciente y real, de lo que había vivido.


Exactamente como en una película de ciencia ficción

Los coches en fila india, siguiendo indicaciones, personal sanitario ataviado con sus trajes más especiales, los famosos EPI, las tiendas de campañas en las calles del aparcamiento. Nadie fuera de sus coches, salvo los sanitarios, y haciéndonos pruebas debido a la contaminación de un virus, que estaba acabando con una parte de la población mundial.
En ese instante, la realidad y tras treinta y dos días encerrada, fui consciente, a pie de calle, de lo que vivamos.

Soy Asesora de Imagen. Escribo Relatos y Poesía, Creo mis temas Musicales y soy apasionada de la Fotografía. Estos son mis recursos para compartir experiencias y vivencias cotidianas.

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