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DÍA DÉCIMOSEXTO. Lunes 30 de Marzo.01:15 h.

Día de enfado e indignación. Mis hijas NO tienen tiempo.

Comencé el día con el gusto de sacarle una sonrisa telefónica a la doctora que me llama por teléfono para preguntarme cómo estoy.

Se sonrió cuando, al preguntar cómo pasé la noche y qué tal estaba, le contesté eufórica que estaba increíble, genial. Se alegró de que alguna de las llamadas fueran contestadas con ese ánimo y es que así me sentía.

El día ha sido normal, entre reparar ordenador, leer artículos interesantes sobre esto del covid19, observar que recupero fuerzas, no tener fiebre y solamente, lamentar ciertas cosas que están sucediendo y nos están minando la vida más que el propio virus.

Mis hijas NO tienen tiempo. No tienen ni un minuto libre, ¡tócate las narices! Mis amigos profesores están estresados y casi no se puede hablar con ellos. Las exigencias del gobierno en todos los sentidos son eso, exigencias. Concesiones y ayudas no se ven mucho, todo el mundo protesta porque hay algo que no funciona.

Todo suena extremadamente sospechoso

Cada día que pasa, menos se aclaran las situaciones, es más, las verdades de las que a veces nos enteramos y las atrocidades que estamos descubriendo, no hacen más que empeorar la lamentable situación en la que ya estamos y lo peor, de hecho, está por venir aún.


Es triste que mis hijas no tengan tiempo

Tiempo para hablar con su madre, que está enferma por el puñetero coronavirus. Evidentemente, no sé dónde me he contagiado. Prácticamente no he salido de casa desde que todo comenzó. Pero es algo que no pienso.

Estoy enferma, eso sí, atendida muy amablemente a través de un teléfono por el cual comprueban, porque yo lo digo, que estoy mejor. Por supuesto, ni test, ni médicos. Medicamentos, el paracetamol, que lo he conseguido a través de mi hermana.

Mis hijas NO tienen tiempo, porque trabajan desde que se levantan, y hoy eran las doce y media de la noche y aún no habían cenado, ya que estaban aún entregando tareas, trabajos y lo que se les solicita desde la universidad o el bachillerato.

Parece ser que hay que cumplir con unos plazos que el Ministerio de Educación exige a los profesores. Profesionales armados con sus mejores herramientas desde casa y toda su paciencia, para resolver todas las peticiones y exigencias y poder evaluar a miles de alumnos. Todo ello empeñando todas sus horas disponibles del día y casi la noche.


Todo el mundo estresado

Resolviendo infinidad de problemas que se plantean en cada casa, con cada hijo, con cada uno de los profesores de cada hijo, con la ayuda que los padres creen que pueden prestar a los hijos, con las dudas de los profesores que dependen de los equipos directivos de cada centro, y que a su vez dependen de cada comunidad autónoma y además del Ministerio de Educación.

¡Qué cosas! Estábamos mejor trabajando estresados igualmente, pero incluso teníamos más tiempo.

Además de confinados, trabajando cómo esclavos todos y haciendo el pino puente para poder sacar adelante infinidad de situaciones absolutamente anormales en el mundo en que vivimos y nos hemos montado.

Y el gobierno, dando zascas a diestro y siniestro, mientras el resto saca la lengua por la boca porque no llegan ni al final del día, ni al fin del mes, ni vamos a llegar a ningún lado según se están desarrollando los acontecimientos.

Una verdadera vergüenza

Los sanitarios no pueden con la vida y la labor que están haciendo. Los repartidores no dan abasto con los suministros. Los servicios de limpieza, reciclado y desinfección, haciendo malabares. Los cajeros y dependientes en centros de alimentación, aguantando tener que ver hasta tres veces a una persona que va a comprar. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, sin protección trabajando para mantener el orden y exponiéndose ante el contagio.

Ahora los guardias civiles reciben órdenes de que nadie enfermará por covid19, no se tomará como enfermedad laboral, si es que es covid19, como tal, no figurará en las listas de contagiados y, por supuesto, si alguno más muere de ello, que se apañen sus familias.

Y así una detrás de otra

El día puede ser una brutal amenaza donde lo que en ocasiones se desea, es morir contagiado por el puto coronavirus en vez de seguir viendo y escuchando lo que está pasando. Es lamentable.

Soy Asesora de Imagen. Escribo Relatos y Poesía, Creo mis temas Musicales y soy apasionada de la Fotografía. Estos son mis recursos para compartir experiencias y vivencias cotidianas.

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