Siempre entendí la peluquería como un arte que era capaz de visualizar y proyectar en una cabeza.

Peluquería en la calle. Palencia

Lo que verdaderamente me interesa de la peluquería.

 

Después de casi treinta años y un recorrido generoso en experiencias, tuve la suerte de quedarme con lo que verdaderamente me interesa de la peluquería.

Me interesa de la peluquería, la atención al público, escuchar, ayudar y transformar, encontrar un equilibrio entre lo que me piden y lo particular de cada caso. 

Hacer que las personas se sientan mejor con lo que ven frente a un espejo, que su imagen sea saludable y caminen seguras para enfrentarse a su vida diaria. 

 Durante mes y medio al entrar a formar parte de una franquicia de peluquerías que no tenía nada que ver con mis principios sobre la práctica de la peluquería, decido cambiar mi percepción del momento para sobrellevar la forma de trabajo. 

Creí que podía ser una oportunidad 

  

Pensé que, si me adaptaba con compañeras más jóvenes, aprendería de ellas y porque no, ellas de mí.

Me di cuenta que aún apartada del mundo de la peluquería desde hacía años, en mis manos estaba la habilidad y tenía la creatividad, para seguir usándola sobre aquellas cabezas. 

Tuve miedo al principio y no sabía si estaría a la altura, pero con los días superé ese miedo, hasta que las exigencias eran tan contundentes en tantos sentidos, que todo comenzó a hacerse muy difícil para llevar a cabo un trabajo y una buena atención de forma agradable y efectiva. 

Después de conocer compañeras excelentes, de diferentes edades y con quienes la conexión fue perfecta desde el primer día, decido irme con tristeza y entendiendo que ese no era mi lugar. 

Conexión instantánea 

Alguien con quien coincidí especialmente fue a quien más eché de menos. Una gran profesional y mejor persona. Una esteticista excelente, una mujer sensible y carismática y con quien tuve la suerte de volver a coincidir en otra nueva versión de la misma franquicia de peluquerías. 

 Mi nueva aventura

Esta nueva aventura ha durado seis largos y tediosos meses en los que la incertidumbre, los cambios bruscos y los aconteceres cotidianos han sido tan impactantes, que ninguna persona es capaz de mantener la estabilidad profesional y psicológica de forma equilibrada, en esas circunstancias. 

Coincidimos otras tres profesionales y yo para inaugurar un nuevo salón y ponerlo a funcionar, de manera casi mágica, con lo justo, lo básico. Habiendo días interminables, con nuestra experiencia, coordinación y trabajo en equipo, los servicios y trabajos realizados de gran calidad y las ganas de superarnos, fueron el único motivo para seguir allí. 

  

  

Nadie es imprescindible 

Durante tres meses, la encargada de dirigir el salón, tuvo poca sutileza para tratarnos, escasa diplomacia y ninguna humanidad. 

Nunca antes, tuve que vivir situaciones tan surrealistas y en ocasiones pensé que incluso estábamos siendo observadas por cámaras ocultas que ponían a prueba nuestra integridad y capacidad de aguante. 

Al cabo de ese tiempo, esa encargada desapareció y pensábamos que una nueva forma de hacer y dirigir el salón, haría que nuestras largas horas allí, serían más agradables y realizaríamos nuestro trabajo de manera menos tensa, con buena conexión y trabajando mano a mano por hacer del lugar un espacio confortable y donde la gente se sintiera bien atendida y satisfecha por la atención recibida. 

La propuesta de la empresa es ofrecer trabajos a bajo coste, accesibles a todo el mundo, sin una cita previa y con un horario continuado de lunes a sábado a medio día. 

La encargada en esta nueva ocasión de dirigir al equipo es mi antigua compañera. Apoyada por otras cuatro profesionales. 

Mis compañeras

Una joven manicurista, amante de lo que hace y preparada para dejar unas manos excelentes a cualquiera. Otra mujer experimentada y relacionada siempre con el mundo de la peluquería, con la preparación de la imagen de puestas en escena en teatro, óperas y festivales y esteticista también. Una estilista audaz con la tijera, cercana y viajera del mundo, con gran experiencia habiendo trabajado en Londres.

Mi antigua compañera, de quien os hablé, gran profesional, templada y paciente, y yo, con un curriculum variado, amante de mi profesión. 

Casi todas hemos tenido nuestros propios negocios y, sobre todo, sentimos pasión por lo que hacemos, trabajando juntas y compartiendo nuestras experiencias. 

  

  

Continúa…