Después de una noche llena de glamour la entrega de los Premios Goya, a mi parecer se convirtieron en una ceremonia sosa, donde Eva Hache repartió a diestro y siniestro, hubo más monólogos que espectáculo y las actuaciones fueron ensayadas, sin garra o poco brillantes. Uno de los momentazos en la entrega a la canción original con la confusión de sobres, donde los presentadores tras nombrar a los presuntos premiados que bajando hacia el escenario, se percatan de un error y nombran a los verdaderos ganadores, un bochorno sin igual. Candela Peña fue incisiva y clara en sus reivindicaciones, el presidente de la academia acelerado por tanto que decir, sobre recortes y subida de IVA, donde sentenciaba que el cine era de todos. Javier Bardem defendiendo el Sahara libre, y en el momento en que debería darse una tregua a las sonrisas con los chicos de Muchachada en el patio de butacas, tampoco se consiguió. Concha Velasco, Goya de Honor participando en una actuación recordando sus películas, con coro de voces poco acertadas y sin ningún tipo de luz sobre el escenario, entrañable y lamentable.


Conclusión: Parece que siempre tiene que haber una anécdota que contar, son los mismos los que se atreven a quejarse, nos falta emocionar y encandilar con la ceremonia, los premios con subtítulos, en blanco y negro en la era del 3D; Gracias a los extranjeros que se dignaron a hablar en español (como nosotros hablamos en ingles…).
Para mi lo mejor fue sin duda la alfombra Roja, que me pareció llena de elegancia y con unas claras tendencias…