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Jana pasó las Navidades y el año nuevo en el hospital.

Tuvo momentos difíciles y lloró como casi nunca antes lo había hecho. Ella estaba convencida de que la vida la daba una gran oportunidad, que la estaba ofreciendo alternativas y tan solo debía poner en la balanza los pros y contras de todo aquello que tenía ante sus ojos. Creía que había llegado su gran momento, que tras trabajar duro, implicarse y comprometerse, ser una persona adaptada a los cambios y las nuevas circunstancias, la vida la recompensaría con algo mejor.

No solo no la recompensó, sino que hirió algo más que su orgullo. Tras el accidente y con una gran lesión en la espalda y tras varias operaciones delicadas, Jana tuvo que empezar de nuevo, como una niña a caminar despacio, sin tropiezos, con ayuda y mucha concentración. Necesitó de alguien en cada momento para levantarse, sostenerse y avanzar.

A pesar de que es algo intrínseco en el ser humano, en ocasiones como esta, se olvida y hay que volver a aprender y esforzarse al máximo para sacar fuerzas hasta de donde no las hay y no darse por vencido.

Jana estuvo cinco meses en el hospital haciendo rehabilitación, intentando mantener su sonrisa, pero no todos los días lo lograba.

Ponía todo el empeño en demostrar que era valiente y decidida, que estaba segura de sí misma y quería luchar contra la adversidad.

-¡Jana buenos días!. Hoy es una gran día, ¿Estarás contenta imagino?- Comentó la doctora Alonso cuando entró a primera hora en la habitación de Jana.

-La verdad, estoy asustada. Llevo tantos días aquí que no sé cómo me voy a sentir fuera y sola.

-Seguro que todo va a salir bien Jana. Eres fuerte y has superado momentos duros y complicados durante tu estancia en el hospital, pero sin duda eres una mujer preparada para enfrentarte a lo que se te ponga por delante. Nadie dice que sea fácil, desde luego que no, pero has trabajado muy bien y has sido muy obediente y los fisioterapéutas están mas que contentos con ese esfuerzo y ha merecido la pena.  Sabrás desenvolverte poco a poco con gran soltura y te olvidarás paulatinamente de todos nosotros.

JANA

JANA

-Que bien suena todo lo que dice doctora, pero sin duda será complicado volver a la normalidad en mi vida. Por su puesto voy a echar de menos a todas las personas que me han ayudado y han sido tan maravillosas conmigo y no lo voy a olvidar. Me siento afortunada y muy agradecida.

-Jana y ¿Qué tienes pensado hacer ahora cuando salgas del hospital?. Siempre has estado diciendo que tenías ganas de hacer algo en cuanto salieras de aquí, que sería lo primero, pero nunca nos dijiste que era. Perdona, pero me tienes intrigada. 

Preguntó la doctora con atrevimiento, puesto que después del tiempo que habían pasado juntas, se habían conocido y tratado cordialmente, tanto como para que Jana estuviera cómoda y no existiesen barreras insuperables entre médico y paciente, sino todo lo contrario, Jana se había sentido mimada y atendida al igual que ella respondía a los demás, con gratitud,  de forma amable y cercana.

-Pues verdaderamente hay algo que es lo primero que debo hacer. Hoy es un día soleado, brillante y especial. Tengo que celebrar estar viva y que puedo andar. Tengo que buscar a alguien importante para mi. He de hacerlo sola y deseo sorprenderlo.

-Sin duda lo vas a lograr. -Replicó la doctora. -Estás muy enérgica y tienes muy buen aspecto  y además una sonrisa, algo muy importante para sorprender a quien quieras. -Terminó diciendo la doctora.

-Jana voy ahora a buscar tu documentación y vuelvo para que firmes unos papeles y enseguida podrás marcharte. -Comentó la doctora, mientras salía de la habitación.

Jana se quedó sola y pensativa, mirando por la ventana. Aquella ventana que tantas veces la abrió sus ojos al exterior, quien la mantuvo unida a los días y las noches,  la ventana que tantas veces contemplaba como caían lágrimas del rostro de Jana. Un rostro que permanecía triste en ocasiones y otras reflejaba en los cristales una leve sonrisa de esperanza y gratitud por seguir viva.

 Esa ventana fue testigo de situaciones dramáticas, como el momento en que Alex apareció en el hospital tras varios días de la desaparición de Jana, tras sufrir el accidente y encontrarse a Jana tendida en la cama, con magulladuras y lesiones de las que desconocía el alcance. Fue testigo del desencuentro entre ambos, puesto que Jana, no logró conocer a Alex al entrar por la puerta de la habitación. Testigo de la marcha de Alex al quedarse bloqueado ante semejante situación, del desconcierto y el desenlace de aquel encuentro. 

Habían pasado cinco meses, largos y tediosos. Para ella parecían una eternidad y sin duda ese día tendría que tener la fortaleza de enfrentarse a esa nueva experiencia y reto que la vida le había planteado.

¿Estaría Jana preparada para afrontar la situación con la que tantas veces había soñado?.

 

Pronto lo comprobaría. 

 Vestida con un cómodo pantalón de terciopelo negro y una blusa roja con chaqueta de punto negro también y unos botines con algo de tacón y un bolso blanco, retocó su cabello ondulado y se miró al espejo, se puso brillo en los labios y esperó que llegara la doctora y la diera a firmar sus papeles, para salir del hospital y poder cumplir con lo primero que debía hacer al salir de allí. 

-Jana ya estoy aquí, siéntate si te parece para que puedas firmar esto y te entrego todo el expediente clínico, entonces solo quedará que nos demos un abrazo y salgas por esa puerta para volver a visitarnos y que comprobemos lo bien que sigues.