Cartas a una Amiga

Queridos amigos, Cartas a una Amiga, surge del encuentro de dos amigas en la oficina de correos, que se ven después de un tiempo. Se saludan y se preguntan cómo están. Entre unas cosas y otras, una de ellas compra unos maravillosos sellos con sumo cuidado y dedicación. La otra, admira su entretenimiento y entablan una conversación acerca de la perdida costumbre de escribir y enviar cartas y de lo mejor de todo ello, poder recibirlas.

Entre tanto, las dos adquieren el material necesario para llevar a cabo la acción y deciden retarse en una aventura que por otro lado las dos aman y conocen. La del arte elegante de escribir de puño y letra unas palabras y esperar que estas sean devueltas de la misma forma, con dedicación, agrado y sentimiento. Tras una primera carta de ida y otra de vuelta, el destino dirá de qué manera esta historia finaliza, pero sin duda es una grata aventura escribir y ser escrita y correspondida, sorprenderse y sonreír en mayor o menor medida, descubriendo de las letras lo que el otro piensa, redacta y espera.

Espero que reconozcan los destinos las cartas viajeras, porque quien las espera, desea que lleguen, después de enviar, de vuelta y alcancen las manos sabias de quien con paciencia espera.

Aquí va una de las primeras cartas devueltas, en los meses de verano. Pasarán las estaciones y quizá podamos comprobarlo. ¿Cuánto durarán?, ¿Llegarán a otro verano?. Dejemos pasar el tiempo y veremos que sucede.

Carta

“A mi querida amiga de las letras”.

¡Cuánto me alegran tus palabras!

Parece mentira que hoy en día

podamos sentir tanta alegría,

como es recibir una carta

llena de encanto y poesía,

de la mano, puño y letra

con intención, razón y también sabiduría

y nos llene de emoción,

de alguien que no está  nuestro lado, pero

que a través de lo narrado, pueda hacernos llegar su calor,

sus sentimientos, su dolor, su sentir, su decepción,

sus vivencias y preocupación.

Los de ahora no saben de expresar sobre el papel,

de dejar caer la tinta, de volar la imaginación,

de pensar con el corazón

lo que sale del alma y plasmarlo con dignidad,

buen hacer, sin miedos, dejando entre todo ver,

las añoranzas, los anhelos, los deseos, en definitiva

los sentimientos.

Sobre el papel permanecerán aunque pasen los años,

amarillentos, con polvo, guardados en un cajón,

esperando que algún día quizá de nuevo,

pueda ser abierto y alguien en aquél momento,

se sorprenda, se ruborice, sonría, se identifique,

porque las palabras allí estarán, infinitas, de verdad,

porque las otras, las de hablar, se escapan

se las lleva el viento y se van.

¡Felices escrituras entonces!. Amiga de verdad.

De las que comparten con letra escrita

las palabras, el arte, el de escribir, doblar, cerrar y sellar

y además, enviar.

¡Viva la revolución postal!.